jueves, 9 de septiembre de 2010

EL VIAJE


Cuando tomas la decisión de hacer el viaje una peregrinación caminando de unos cientos de kilometros esté viaje, al igual que la vida te pone a prueba. En el aprendes a aceptar la responsabilidad de las situaciones, en lugar de adjudicar culpas o cuando sientes que los pies ya no te van respondiendo y que bajo la planta de los mismos encuentras las molestas apoyas es ...fácil desear que la situación fuera diferente, en esa prueba aprendes que el desear o el anhelar te quitan fuerza. Llegado ese momento intentas percibir si dirigir tu atención hacia fuera o hacia el riesgo…La clave para este paso tan importante hacia tu cima interior es ser “DECIDIDO”.

El viaje es duro, muchos otros ha dicho de él que es una paliza de órdago,por eso es importante prepararte para afrontar el camino sin pensar en el destino, como dice el cantante Fito Cabrales “lo que te llevara al final, serán tus pasos y no el camino” al pensar de esa forma evitas los pensamientos limitantes que no te permitirán solucionar los retos sin aprender… recuerdo en una peregrinación haber tenido que motivar a un acompañante en el ultimo tramo el más corto, porque se obsesionó con llegar eso le produjo un pinchazo muscular en el soleo y eso es muy común que suceda, no solo durante el viaje también en todo lo que nos sucede en la vida.

Cuando estas en tensión comienzas a sentirte tentado a apresurarte para acabar lo antes posible…entonces sufres por la ansiedad, cuando eso sucede es necesario centrar la atención y dirigir tu mente hacia la respiración o hacia tu postura y entablas un dialogo contigo en vez de atender al parloteo interior… buen viaje namaste..

El cambio se puede dar a cualquier edad


El Dalai Lama comúnmente describe al budismo como, una ciencia de la mente. Esto no es una sorpresa ya que, los textos budistas hacen un énfasis muy particular en el hecho de que las prácticas espirituales (mentales, físicas y orales) tienen directa o indirectamente la intención de transformar a la mente. Sin embargo, como el maestro de meditación Mingyur Rinpoche escribe: “Desafortunadamente uno de los principales obstáculos al que nos enfrentamos es el que, cuando tratamos de examinar la mente, existe una noción profunda y muy comúnmente inconsciente de que ‘nacemos tal como somos y nada de lo que hagamos será capaz de cambiar esto’.” La verdad es que el estado que generalmente consideramos como ‘normal’ es simplemente nuestro punto de partida y no la meta que deberíamos de estar trazando para nosotros mismos. ¡Nuestra vida vale mucho más que eso! Es posible, poco a poco, el lograr un estado ‘óptimo’ de manera de ser.



A un renombrado psicoanalista francés se le preguntó acerca de Ingrid Betancourt, la política franco-colombiana que fue secuestrada mientras realizaba su campaña en Colombia: “¿Pueden seis años de detención en condiciones extremas alterar la personalidad de alguien?”. Su respuesta fue: “No. Después de los veinticinco años tu personalidad ya se fija.” De manera personal, fue alrededor de los veinticinco años que realmente comencé a cambiar. Esto fue también el caso en mucho de los meditadores que tomaron parte en las investigaciones: comenzaron a experimentar cambios desde el momento en que se comprometieron seriamente en el proceso del entrenamiento mental a través de la meditación.



¿Hasta que grado podemos entrenar nuestra mente para que trabaje de una manera constructiva, capaz de reemplazar la obsesión con bienestar, agitación por calma, odio por bondad? Hace veinte años, era casi universalmente aceptado por los neurocientíficos, que el cerebro tenía un número determinado de neuronas desde el nacimiento y que este número no cambiaba con las experiencias. Hoy sabemos que nuevas neuronas se producen hasta el momento mismo de la muerte y hablamos de “neuroplasticidad”, un término que toma en cuenta el hecho de que el cerebro evoluciona continuamente en relación con nuestra experiencia y que un entrenamiento en particular, algo como aprender a tocar un instrumento musical o un deporte, puede traer consigo un cambio profundo. La atención plena, el altruismo y otras cualidades humanas básicas pueden ser cultivadas de la misma manera y podemos adquirir la metodología que nos permita realizar esto.



Una de las grandes tragedias de nuestros tiempos es el que subestimamos nuestra capacidad de cambio. Los rasgos de nuestro carácter se perpetúan en tanto no hagamos nada para mejorarlo y continuemos tolerando y reforzando nuestros hábitos y patrones: pensamiento tras pensamiento, día tras día y año tras año.