martes, 15 de junio de 2010

Nuestra felicidad solamente se puede alcanzar a través de la de los demás


“Cuando la felicidad egoísta es la única meta en la vida, la vida pierde muy rápidamente su sentido,” escribió Romain Rolland. Aún y cuando externemos todo tipo de señales de felicidad, nunca podremos ser realmente felices si nos desasociamos de la felicidad de otros. Una felicidad construida laboriosamente en el reino del egoísmo es tan efímera y frágil como un castillo erguido sobre un lago congelado, listo a sumirse en el primer deshielo.

Nuestra felicidad se encuentra íntimamente ligada a la de todos los demás: la mayoría de nuestras dificultades surgen en realidad porque no nos preocupamos por el bienestar de otros. Como lo dijo el filósofo budista Shantideva:

Todo el gozo que el mundo contiene
Ha surgido a través del desear la felicidad a los otros.
Toda la miseria que el mundo contiene
Es el resultado de desear el placer para uno mismo.

Esto no implica, de ninguna manera, que ignoremos nuestra propia felicidad. Nuestro deseo de ser felices es tan legítimo como el de cualquier otro. Debemos admitir que en la parte más profunda de nuestro ser, tememos el sufrimiento y aspiramos a la felicidad. Por ende, debemos realizar que todos los seres sensibles quieren evitar el sufrimiento tanto como nosotros. El derecho a no sufrir tan comúnmente ignorado, es sin lugar a dudas, el derecho más fundamental que cualquier ser vivo posee. Finalmente, debemos desarrollar la fuerte aspiración y presteza para hacer cualquier cosa para aliviar el sufrimiento de otros y contribuir a su bienestar duradero.

Matthieu Ricard
monje budista, escritor, traductor, y fotógrafo. Ha vivido, estudiado y trabajado en la región del Himalaya desde hace más de cuarenta años.

No hay comentarios: